PICUDO BLANCO NEWS

Las Noticias de José Manuel Sanrodri

De bosque coronado: notas sobre una excursión al centro de la poesía.

septiembre22

El presente libro de Karina García Albadiz recoge poemas escritos entre 1998 y 1999. A este primer poemario, del que celebramos su necesaria edición, le siguen las separatas aún inéditas Sífilis para la belleza (2006), Antropofágica Vitalidad (2008) y Trizaduras (2008).
La puerta de acceso a este De bosque coronado es la notación autobiográfica que se inscribe en pocas y concretas palabras en el prólogo de Karina. Y aunque debemos reconocer en este gesto la valentía autoral en desnudar de este modo la propia experiencia vital como clave de lectura, también podemos decir que este acceso privilegiado resulta casi anecdótico en relación al poemario que nos espera: la potencia de los textos, su riqueza intrínseca, son de una intensidad que excede en mucho lo biográfico. “Hay una dimensión de la vida que sólo se puede decir con metáforas”, expresa Karina en el texto final, Adoradores del silencio (suerte de epílogo metadiscursivo). Y en consonancia con esta afirmación se construye todo el libro: colocando en el centro de las luces a la metáfora como recurso regidor. Este procedimiento tiene como resultado el enmascaramiento del dato biográfico y el nacimiento del poema como objeto estético portador de múltiples sentidos, capaz de traspasar al lector y cerrar de manera más que exitosa el círculo poético. Porque este libro, nacido de la experiencia amorosa de final infeliz, exterioriza asimismo búsquedas constantes del individuo: el pasado, la memoria, el propio cuerpo, nuestro lugar en el mundo. Incluso la reflexión sobre el acto poético mismo encuentra su sitio dentro del corpus.
Es también en su prólogo-acceso donde Karina nos habla de pseudobosques que ha recorrido (“Falsos y bellos como el amor”, dice). Esos falsos bosques del entorno inmediato quedan convertidos, por obra y gracia del impulso escritural, en un sólido símbolo que atraviesa todo el poemario: el bosque como lugar poético total. Un bosque omnipresente que puede ser un hombre (como en La donación), una forma de adjetivación recurrente («desapareces Puerto Lupanar y casto/ coronadito de bosque/ Entonces/ hay que inventarte/ hasta que te veas elegante/ con las mismas tiras de antes», en Caricatura) o un terreno emblemático, como en Rainer-Rainer:

Ha llovido
apaga mis ojos
he subido al bosque
una y otra vez

Podré verte
inclinado ante tu dios venidero
entre negros árboles como clavos
sobre un tapiz de hojas blancas

En verdad, cuesta creer que este libro sea el primogénito, pues la autora se mueve en el ámbito del poema con palpable comodidad. Los textos que componen este poemario presentan una notoria unidad de sentido sin dejar de desplegar una atractiva variedad en lo relativo a extensión, recursos y perspectiva utilizados. Creo que la calidad de este De bosque coronado reside precisamente en esa capacidad de atraparnos y arrastrarnos a través de poemas que nos proponen distintas experiencias poéticas cada vez. De este modo, tenemos poemas como Me friegan los cóndores en el que destella un lenguaje despojado, crudo y categórico:
Aquí hay que marcar y apretar
porque el cóndor quiere sangre
lesiones en el mismo lugar
el tórax
14 balas
5 balas
10 balas
atronadoras
per-fo-ra-cio-nes en el cuerpo

En el poema Hoy pena y rabia en esta cacería, el universo de lo cotidiano (anclado en datos precisos de la geografía urbana y en personajes reales) se metamorfosea delante de nuestros ojos hasta fundirse con la perspectiva de un yo atravesado por lo metafórico. El original poema Cuerpo largo es una muestra también de esta variedad de recursos que sorprende al lector a la vuelta de la hoja.
En cuanto a la primera persona que recorre todo el poemario, advertimos que, lejos de plantarse como reiterado estandarte intimista, adquiere diversos matices. En consonancia con el tono preciso y contundente del libro, la primera persona se yergue sin dramatismo en los poemas, siempre encabalgada en la metáfora: «He subido. En los brazos un jardín salvaje. Tener un bosque es no tenerlo y aceptar que no me tenga.»; o bien: «Estoy sobre el lomo de un animal/ salido del mar-pacífico/ León-Puma o Cóndor». Como se puede notar a partir de los versos citados hasta aquí, el propio cuerpo, en tanto eje de significación poética, acompaña las avatares de esta primera persona que necesita nombrar para exorcizar: «Me ronda este posible centro/ decir/ de qué actos de amor y violaciones vengo»; muy notorio también en el poema Me sobro:
me sobro
me sobran
los brazos las manos

me sobran
las piernas el cuello
este calor que todo
lo envuelve

pero sobre todo
me sobra

el otro que me tiene

En otros poemas, esta primera persona se desliza hasta un nosotros que nos involucra: «Somos visitantes/ dioses y perros/ bajando lentamente por el talón de Aquiles» o «Todos llevamos un ángel dentro/ nos adopta/ un cuerpo demandante/ sujeto despojado anónimo/ que observa nombra alucina».
En cuanto a la estructura de los textos, se agradece el juego constante en la disposición de los versos, lo que le otorga un pulso particular a cada uno de ellos, acompañando fluidamente la expresión enunciada. También hay que destacar los juegos de palabras presentes («no entendiendo a la ciudad/ a este Valp-vals-añejo/ (pasado pasa luego)»), otro de los aspectos que sostiene la idea ya esbozada de poemario de afinada destreza, capaz de atrapar al lector y no soltarlo hasta el último verso.
Creo que este libro (repito: primer libro) nos permite como lectores extender la metáfora de bosque adoptada por la autora. Nada más apropiado, entonces, que definir al poemario como enigmático bosque, con sus luces y sombras característicos, con su entrelazado follaje y su variada vida animal y vegetal, respirando cerca. Un bosque en las antípodas de lo falso que nos depara una experiencia exploratoria inusualmente poética.

Texto de Carolina Contino
(Maestra de Letras)

posted under Genera

You must be logged in to post a comment.